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Escrito por Carolina   
Viernes, 27 de Enero de 2012 13:59

Don José Porto Buceta, párroco de Sar:


"Deseo que todos nuestros vecinos sientan la alegría y el orgullo sano de ser de Sar"


 

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     Nacido en Portas (Pontevedra), don José Porto pronto se desplazó a Santiago para estudiar en el Seminario Menor de San Roque. Aquí fue ordenado sacerdote y tras varios años como director de disciplina y administrador del Seminario Mayor, Sar se convirtió muy pronto en su nueva casa. Y es que desde hace más de cuarenta años, don José Porto es párroco de Sar. Aquí llegó con poco más de treinta años con la intención de hacer que la Iglesia se acercase al barrio. Impulsó, entre otras cosas, la Agrupación Folclórica Colegiata de Sar o la Coral, así como importantes reformas de mejora en la Colegiata y la construcción del colegio público.

     Haciendo memoria sobre su experiencia vital, una fecha para el recuerdo sería su ordenación como sacerdote por el cardenal don Fernando Quiroga Palacios. ¿Qué recuerda de aquella época?
     Lo recuerdo como si fuese hoy, sobre todo el momento de la ordenación y la personalidad de don Fernando Quiroga Palacios. Fue una persona que me marcó mucho porque fue un hombre comprensivo, servicial, muy cercano a la gente. Fue como un referente para mí. Ha sido siempre una persona muy acogedora, que sabía escuchar y sabía oír y sobretodo comprender y enseñar lo que a él en aquel momento le parecía lo más correcto y conveniente para los seminaristas.

    Tras años trabajando en el Seminario Mayor pronto cambió de aires. ¿Cómo llegó al barrio de Sar?
      Reconozco que aquel momento fue, diríamos, de dudas y perplejidad porque no esperaba aquel nombramiento. Yo no tenía conocimiento de lo que es un barrio. Tenía conocimiento de las aldeas rurales, las conocía mucho porque me había criado allí y la labor seminarística la llevé siempre allí. Así que he de reconocer que en principio no quise aceptar. De hecho, no acepté (sonríe). Estuve ocho días que me dio don Ángel Suquía, el arzobispo, para pensar y reflexionar.

     ¿Después aceptó?
     Bueno, yo seguía diciendo que no (sonríe). Así que don Ángel Suquía tomó la decisión por mí y me dijo que me agradecía que viniera para Sar. Así que vine para aquí y aquí comencé: el 26 de septiembre de 1973.

     Empezaron así años de cambios en la parroquia ¿Cómo encontró el barrio?
Me quedé perplejo. Veía que era una zona que estaba muy cerca de la ciudad pero, sin embargo, el barrio estaba como muy lejano. Había muchas deficiencias: la carretera del puente de Sar no estaba asfaltada, se vivía muy a lo rural, el río estaba totalmente abandonado, no había agua corriente en varias zonas... Además, la Colegiata también estaba en malas condiciones porque el párroco anterior no vivía aquí y no tenía medios económicos. Una parte del edificio estaba inservible, las hiedras y zarzas subían hasta el tejado y estaba en un estado bastante abandonado.

     Así que usted se puso manos a la obra y decidió empezar a impulsar cambios con la ayuda de los vecinos...
   Sí. Quería que la comunidad parroquial fuera acogedora y servicial. Pretendía para aproximar la Iglesia a las personas. La gente reaccionó muy bien y les estoy profundamente agradecido a todos. Nunca tengo palabras suficientes para expresar el trato, tan acogedor, cariñoso y comprensivo que me dieron. El miedo que traía se ha convertido en una gran alegría y gozo.

     ¿Cómo logró unir al barrio?
     Puedo decir que fue gracias a la juventud como hemos avanzado. Yo tenía 33 años y había practicado siempre mucho deporte y eso me abrió mucho las puertas a los jóvenes. Se me ocurrió utilizar la danza gallega, el baile regional y de ahí salió una actividad muy fructífera, que fue la Agrupación Folclórica. Por aquí han pasado más de 500 jóvenes por danza e incluso han salido algunos matrimonios. Ellos han prestado un gran servicio a la apertura a la comunidad parroquial. También empezaron después los cursos de manualidades, de corte y confección, cocina y luego se ha fundado la coral como medio de comunicación y como medio cultural para dar a entender el canto y tener una actividad para quien quisiese.

     A día de hoy son muchos los niños que se forman en el catecismo de Sar, ¿Qué papel tiene?
    Es fundamental. Con los años se ha ido incrementando y es una labor muy grande la de los catequistas porque quieren a los niños, trabajan con ellos y cada domingo se sienten identificados con ellos. Eso ha hecho que el catecismo haya aumentado mucho, ya siempre nos mantenemos en unos 460 o 490 niños, desde la preparación a las primeras comuniones hasta dar el paso a la confirmación. Pero también aquí ha tenido un papel importante los padres, a los que estoy muy agradecido. Están muy vinculados a la enseñanza religiosa de sus hijos y muy preocupados por su formación cristiana.

      Durante años aquí también ha habido un colegio público por el que han pasado miles de niños...
    Sí, fue un trabajo que me llevó tres años para poder conseguir las autorizaciones pertinentes. Fue un acuerdo que se hizo en su momento entre el Arzobispado y el Ministerio de Educación y Ciencia. Nos dimos cuenta de que era una pena que Sar no tuviera colegio así que pensamos que se podía utilizar la mitad de nuestra casa para ello. Gustó la idea y me dijeron que arreglásemos nosotros la parte del Arzobispado y ellos la del Ministerio. Y así se hizo. Fue un trabajo de tres años y se hizo un convenio de 30 años en el que desde el Ministerio se comprometían a hacer la reparación de todo el edificio. Gracias a esto aquí llegaron a estar más de 400 niños.

     ¿Cómo definiría la singularidad de los vecinos de Sar?
     Que se conocen a sí mismos. La gente está muy identificada con su zona y la quiere. Esto fue posible porque no se permitían grandes construcciones, la demografía no era tan expansiva como Conxo, San Lázaro, Vista Alegre. Aquí aún hay núcleo y los jóvenes deben mantenerlo. Creo que el resto de barrios nunca debieron perder identidad.

      ¿El barrio sigue manteniendo su esencia?
     De momento sí y la ventaja es que todavía la gente se identifica bastante. Ese es el beneficio. Lo contrario es que no se permiten edificaciones grandes entorno a la Colegiata, eso para los constructores es una desgracia pero la gente de aquí es un gran beneficio.

     Usted ha mostrado siempre su intención de no silenciar los problemas del barrio y luchar por que se solucionen, ¿qué queda pendiente?
     Algunas cosas, como los vertidos al río. Eso es fundamental. También sería necesario el asfaltado de varias calles y quizá puede que haya falta de zonas de juegos, porque hay que tener en cuenta que Sar en un barrio disperso, no está amontonado.

 

      ¿Qué mensaje le gustaría dar a los feligreses?
      Les diría que sientan la alegría de ser de Sar, que traten que a Sar tenemos que levantarlo los de Sar. Que cada uno viva con su propia ideología, pero con algo común: vivir en este barrio y ayudarnos entre todos. Tenemos que sentir la alegría y el gozo de ser de aquí para hacer que esto mejore, trabajar sin límites por el bien de todos. Siempre me gusta dar un mensaje de esperanza: que sientan la alegría de ser de Sar, no para menospreciar a nadie, sino para valorar lo que tenemos. Y la verdad es que somos unos privilegiados porque en Santiago, excepto en San frututoso, que tienen la Catedral, (sonríe) o Conxo que tienen las Mercedarias,  somos los únicos que tenemos la Colegiata que es conocida a nivel mundial. A través de ella, el barrio de Sar tiene una expansión universal y eso debe ser motivo de profundo y sano orgullo.

 

Entrevista de Carolina Carballedo Penelas