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- Sala 3 -

      Reúne un magnífico repertorio de piezas que corresponden a la vida parroquial de la comunidad entre los siglos XVII y XIX, coincidiendo con el declive del priorato y su constitución posterior como colegiata y finalmente como parroquia de Santiago.

      La colección de orfebrería y ornamentos litúrgicos de época barroca y neoclásica que se muestra en este espacio sirve para explicar el protagonismo de la iglesia como principal promotor del renacer artístico del barroco gallego, bien a través de los cabildos catedralicios, las comunidades monásticas o del propio pueblo -por medio, fundamentalmente, de las cofradías- .

      Durante este período (1650-1750) se incrementa la organización de actos religiosos, lo que propicia la realización de un sin fin de obras relacionadas con las celebraciones litúrgicas. Como consecuencia de esta fecunda actividad surge una gran diversidad de piezas de variada tipología sacra. Algunas de ellas, para uso ceremonial tales como cálices, patenas, copones, vinagreras, etc.;otras, para realzar las ceremonias como los ostensorios, arquetas eucarísticas o incensarios, entre otros.

      Además durante el siglo XVIII se experimenta un considerable aumento de piezas de carácter procesional relacionadas con los actos conmemorativos organizados por gremios y cofradías para honrar a sus patronos. Entre ellas se encuentran las cruces procesionales o las placas de mayordomía (emblemas que representan a las distintas cofradías de cada parroquia).

      Los cálices, por ser elemento clave en la liturgia católica, conforman el grupo más nutrido. El museo exhibe en esta sala cinco cálices barrocos, entre los que destacan el regalado a la colegiata por el arzobispo Yermo y Santibáñez en el año 1731, una pieza de la escuela toledana (mediados del siglo XVIII), así como el llevado a cabo en 1799 por el prestigioso orfebre compostelano José de Novoa. De este mismo autor podemos contemplar un magnifico ostensorio de 1801, en plata sobredorada, que junto al relicario de San Pedro, realizado por una escuela de plateros cordobesa, ponen el acento neoclásico de la sala.

      Las procesiones se convirtieron, también, durante el barroco en un acto conmemorativo muy habitual. Debido a esto, la cruz procesional de cada parroquia es, con los cálices, otra de las piezas más frecuentes de la orfebrería barroca y la joya más importante del tesoro de la feligresía. La cruz procesional de Sar fue realizada en 1758 por uno de los plateros compostelanos más importantes del momento, Francisco Turreira. Esta esplendida pieza destaca fundamentalmente por su riqueza ornamental y su juego cromático, un extraordinario trabajo que tiende estilísticamente a las formas y el espíritu del arte rococó.

      Las placas de mayordomía son otro de los símbolos de mayor utilización en las celebraciones procesionales que cuentan con una presencia significativa dentro de esta colección. Entre las cinco placas que exhibe la muestra destaca la perteneciente a la cofradía del Santísimo de la colegiata de Sar realizada en plata sobredorada en el siglo XVIII.

      Como complemento de estos objetos de orfebrería sacra se exhibe una exquisita selección indumentaria litúrgica, situada en el centro de la estancia y enmarcada en una vitrina con visibilidad prácticamente integral, lo que permite observar con detalle su impecable confección. Las capas pluviales, casullas, dalmáticas así como un paño de hombros -todos del siglo XVIII- están realizados sobre telas de raso de seda bordadas con hilos de oro y plata.

      Cerrando este espacio junto a su salida podemos admirar nuevamente una capa pluvial del siglo XVIII de similares características a las anteriores y que completa la colección de vestimentas litúrgicas. De igual modo, despiden esta sección dos crucifijos en madera policromada realizados por José Ferreiro en el siglo XVIII.