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- La iglesia -

      El edificio medieval de Santa María la Real de Sar comenzó por las capillas de la cabecera de la iglesia, inspirada en el más puro estilo románico y que presenta, además, una singular característica, la acusada inclinación de sus elementos de sujeción. El templo, orientado de este a oeste, es de planta basilical, con tres naves sin crucero rematadas por ábsides de planta poligonal. Cuanta con una considerable amplitud espacial y está completamente abovedado.

      La nave mayor está separada de las laterales por pilares con columnas que sirven para soportar la presión ejercida por la bóveda central a la vez que sujetan y sostienen los arcos que separan las tres naves, alzadas prácticamente a la misma altura.

      Por otra parte, se tiene constancia, según fuentes documentales, de la existencia en el interior de un coro alto sobre la puerta de entrada a la iglesia, así como de un rosetón en la parte superior de la fachada principal que junto con el óculo situado -y conservado en la actualidad- sobre la capilla mayor formarían un sistema armónico de iluminación para la nave central. La apertura de ventanas en los muros laterales completaba el correcto alumbrado del templo -siguiendo siempre criterios de funcionalidad así como la búsqueda de un espacio místico y recogido para la oración-.La reedificación de la iglesia en el siglo XVIII supuso, lamentablemente, la perdida definitiva del coro y la demolición del rosetón de la fachada, sustituido por la actual ventana.


- La huella del taller de la catedral de Santiago -

      Salvo en el abovedamiento, la concepción estilística de la iglesia de Sar, tanto en lo que se refiere a la arquitectura como a la ornamentación interior, responde a los modelos utilizados por el taller de la catedral de Santiago de Compostela (no olvidemos que el inicio de su construcción se sitúa en el segundo tercio del siglo XII, en tiempos del arzobispo Gelmirez).

      En lo que se refiere a su decoración escultórica, nos detendremos primeramente en los capiteles. La diversidad de tendencias y estilos que observamos pudo deberse a la lentitud de las obras del templo que rematarían en el primer cuarto del siglo XIII, en tiempos del arzobispo Pedro Muñiz. La ornamentación de los capiteles de la cabecera, de una mayor riqueza decorativa que las naves, presenta interesantes motivos vegetales, de entrelazados e incluso zoomórficos, como el caso de la capilla norte, que muestra capiteles con figuras de leones. Todo ello evidencia nuevamente la influencia del taller de Platerías, constructor del crucero y las portadas de la catedral compostelana durante la primera década del siglo XII.

      Esta supeditación artística a la fábrica de la catedral evoluciona a medida que la construcción avanza. Se advierte, así, la huella del naturalismo mateano y después una progresiva estilización de los motivos vegetales que abre paso a un estilo más próximo al gótico. El estilo del Maestro Mateo es claramente perceptible en el trabajo del taller encargado de la finalización de la iglesia de Sar y de la primera fase constructiva del claustro.

- Los sepulcros -

      Dentro del interés artístico que, en materia escultórica, nos descubre la iglesia de Sar, también le corresponde un lugar destacado a la amplia serie de laudas funerarias y sepulcros que aún se conservan cuidadosamente en su interior. Todos ellos se corresponden con diferentes personajes, más o menos relevantes, pero relacionados por un modo u otro con la historia del priorato y evidentemente con su función original como casa de retiro. Los sepulcros, todos ellos con estatua yacente, presentan un mayor atractivo artístico que las laudas funerarias, mucho más sobrias y cuya única decoración se reduce a una mera inscripción identificativa o a lo sumo una sencilla cruz.

      El sepulcro más antiguo, adosado al muro sur del interior de la iglesia, corresponde a Bernardo II, arzobispo de Santiago entre los años 1224 y 1237, quien tras renunciar a su cargo se retiró a Sar, donde murió en el año 1240. Sobre la tumba que contiene los restos se haya la figura yacente, labrada en medio relieve y que constituye una de las mejores piezas escultóricas compostelanas de mediados del siglo XIII. Su parecido con algunas de las antiguas esculturas funerarias del panteón real de la catedral de Santiago la sitúan dentro del ámbito estilístico de inicios del gótico.

      El muro norte de la iglesia de Sar cuenta con otros dos interesantes sepulcros. Éstos corresponden a Gómez González do Canabal, prior de Santa María de Sar entre los años 1485 y 1505, y a su sobrino Jácome Álvarez, sucesor de su tío en el cargo hasta el año 1536. La calidad del conjunto escultórico de este último es muy superior a la de la tumba de González do Canabal, de inferior riqueza ornamental. Así, la imagen yacente de Jácome Álvarez, de excelente acabado y gran naturalismo en la ejecución de su labra, está considerada como una de las mejores figuras funerarias gallegas de la primera mitad del siglo XVI.

      Además de las valiosas manifestaciones escultóricas a las que nos hemos referido anteriormente (ornamentación interior y estatuas funerarias) se sabe de la existencia de un interesante repertorio de pinturas esculturas, en su mayoría desaparecidas, que formaron parte del primitivo patrimonio de la colegiata.


- Los cinco altares primitivos de Sar -

      La iglesia de Santa María de Sar contaba con cinco altares, configuración que se mantuvo durante el siglo XVII, según descripción documental verificada en el año 1611. En la capilla mayor había tres altares, el altar mayor estaba dedicado a la virgen y mostraba un retablo de imágenes pintadas sobre tabla de las cuales sólo se sabe que una correspondía a San Pablo, por lo que parece razonable pensar que estuviera acompañada por otra de San Pedro. Además del retablo, este altar mayor abadía una escultura de la Virgen María en madera dorada y estofada así como una custodia también de madera. Para la mesa del altar fue encargado –procedente de los célebres talleres de Limonges (Francia)- un frontal románico de bronce, esmaltes y pedrería. Todas estas piezas artísticas desaparecieron tras la renovación del templo en le siglo XVIII.

      La capilla mayor disponía, como decíamos, de otros dos altares más, el de la derecha dedicado a San Agustín y el de la izquierda a San Blas, ambos representados mediante esculturas de piedra policromadas. Este conjunto se completaba con los alteres situados en las capillas laterales. El de la capilla lateral izquierda mostraba una tabla pintada con la escena del bautismo de Jesús por San Juan Bautista y el de la capilla lateral derecha estaba presidida por un crucifijo.

      Por otro lado, las únicas pinturas que se conservan en la iglesia están situadas en la capilla mayor, y todo parece indicar que su realización data del siglo XVI. A pesar del gran deterioro que presentan, lo que dificulta su identificación, constituyen una buena referencia estilística sobre la situación del arte pictórico en el ambiente compostelano de su tiempo.

      En la parte central de la capilla, sobre la bóveda, se conserva el fragmento de la Virgen de la Misericordia (1546), de la que tan sólo se puede contemplar la parte inferior de su túnica y sobretúnica. Sin embargo, este retazo, de minuciosa factura, permite imaginar la composición original de la obra en la que destacan las grandes dimensiones de la imagen, cuya cabeza podía alcanzar la mitad de la bóveda. A su derecha se puede apreciar una figura masculina, en actitud orante, tras la que aparecen varios personajes. Es muy probable que existiera una composición figurativa similar, e incluso simétrica, a la izquierda de la Virgen, pero no se conserva ningún retazo de esta parte.

La labor pictórica continúa en las arcadas, a ambos lados de la ventana central del ábside. A la derecha de ésta se encuentra la figura de San Agustín y a la izquierda la de San Blas, cuya disposición iconográfica coincide con la de los tres altares de la capilla mayor, descrita anteriormente.

- La herencia barroca en Sar -

      Estos cinco altares no se renovaron, a pesar de su mal estado, hasta finales del primer tercio del siglo XVIII, debido lógicamente al período de decadencia que vivía la comunidad de Sar, sin medios económicos y con sus instalaciones al borde de la ruina. La colaboración y ayuda de otras instituciones monásticas permitirá a la comunidad de Sar encargar, en el año 1730, el nuevo retablo mayor de la iglesia al escultor y entallador santiagués Miguel de Romay.

      Era la época del esplendor barroco, cuya espectacularidad no le fue ajena a la Colegiata de Santa María de Sar. Las grandes ceremonias religiosas del momento requerían elementos de acorde con la fastuosidad y boato de las celebraciones barrocas. Cálices, cruces procesionales, incensarios, ostensorios, relicarios o placas de mayordomía de las cofradías son algunas de las magníficas obras realizadas por alguno de los más reconocidos orfebres compostelanos de los siglos XVII y XVIII, como José Noboa o Francisco Turreira, junto con otros autores de las escuelas de plateros de Toledo y Córdoba. En consonancia con esta suntuosidad y como ajustado complemento para el ritual sacro de la época se encuentran los ornamentos litúrgicos como las capas, casullas o los paños de hombros, todos ellos realizados sobre exquisita telas de seda bordadas con hilos de oro y plata.


- La inclinación de Sar: singularidad y atractivo -

      La acusada inclinación de los pilares del interior de la iglesia de Santa María la Real de Sar, elementos vitales para la correcta sujeción de la estructura de este templo, es una de las características más singulares de este edificio románico y se ha convertido, a su vez, en uno de los principales atractivos del mismo.

      En este sentido, han sido varias las teorías que se han vertido a lo largo de los años sobre este fenómeno cuyo origen no se debe una sola causa. Todo parece indicar que la coincidencia de diferentes factores relacionados o bien con algunas deficiencias en la construcción o bien con la naturaleza pantanosa del terreno donde se emplaza el edificio, muy próximo al río Sar, son algunos de los motivos más razonables para explicar esta cuestión.

      Así, por ejemplo, cobra credibilidad como uno de los orígenes de la inclinación la construcción -poco previsora- de las naves laterales de la iglesia a una altura muy similar a la nave mayor, lo que redujo la función de contrarresto que éstas ejercen para sostener la presión de la bóveda central y que sumado, como señalábamos, a la poca solidez del suelo contribuyó, sin duda, a la pérdida del equilibrio del templo.